Stand up

El tema insiste con filtrarse en la agenda pública. Lejos de relegarse a un segundo plano, el reconocimiento institucional del Estado por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la dictadura, en especial a la familia Gelman -tal como había ordenado la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)- terminó provocando un terremoto de comentarios políticos en el gobierno y la oposición. Ni anestesistas ni inseguridad pública ni ola polar ni un nuevo aparato tecnológico para el Británico. La realización del acto en el recinto de la Asamblea General involucró a los partidos políticos no sólo en una discusión meramente política sino también gestual: el estar o no estar presentes en ese momento, en ese instante en el que el Estado se hacía cargo de las torturas, asesinatos, robos y secuestros durante una de las etapas más negras de la historia uruguaya. La presencia física centró el debate inmediato para luego ceder las primeras planas al debate en torno al perdón.

La presencia, por ejemplo, de los militares. Ese también fue un tema de debate, aunque a la interna del gobierno. Al principio, Fernández Huidobro dijo que iban todos:  comandantes en jefe de las tres fuerzas, el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada, y de todos los oficiales correspondientes a cada fuerza: generales, brigadieres generales y almirantes. Después terminaron yendo sólo los comandantes. Pero no fue el único asunto polémico puertas adentro de la Torre Ejecutiva: el gobierno debió insistir  durante los días previos al acto que se trataría de un “reconocimiento institucional” y no un “perdón”. Insistieron, porque la duda se había desatado a la interna del propio gobierno. Al final, ganó la tesis del “reconocimiento”. En ambas, Eleuterio Fernández Huidobro tuvo un peso decisivo. Tres semanas después, volvió a referirse a este último tema. Fue durante un almuerzo de la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM), con cantata de cuchillos, tenedores y platos de fondo.

Están los que dicen: “Estaba en pedo”. O “Se le fue la moto”. O “Es Churchill”. No importa. En su speech ante el empresariado, Fernández Huidobro dice varias verdades, varias mentiras y algunas guarangadas. Dice Huidobro sobre el perdón: “”Pedir perdón es muy fácil. Hay poca gente que se anote para perdonar. Pedir perdón es muy fácil. Perdonar es difícil. Y veo que hay poca gente que se anote en la fila de los que están dispuestos a perdonar, ¿no?”. Se equivoca Huidobro. No parece demasiado fácil pedir perdón. El ejemplo más claro lo tiene todas las semanas en su despacho: ninguna de las tres fuerzas ha pedido perdón por sus delitos durante la dictadura. Y, en todo caso, ¿acaso el perdón tiene que estar sujetado a su aprobación? La respuesta es difícil. Pero, en todo caso, se trata de un acto deliberado, consciente, de aceptación propia, que no necesariamente va a ser correspondido, pero que en esencia se motiva por una cuestión interior, de conciencia.

Supongamos que eso es discutible, pero lo que sí no es discutible es banalizar el tema en cuestión –una verdadera autocrítica, profunda, sincera, del accionar del MLN entre los 60 y principios de los 70- al punto de decir que “es medio de imbécil” pedir perdón conociendo sus consecuencias. Pero va más allá Huidobro. “Vos pedime perdón que yo después no te voy a perdonar. Y bueno, andá a la puta que te parió hermano”, ridiculiza. Como si el insulto potenciara el argumento, Fernández Huidobro hace una provocación innecesaria, aunque sin un destinatario claro. No se sabe si se lo dice a los familiares de los detenidos desaparecidos o a sus propias víctimas, pero la guarangada despierta, entre cuchillos, tenedores y platos, aplausos y risas. De ser la protagonista del stand up Daisy Tourné, y el presidente, Tabaré Vázquez,… ah no, pará, esa fue de verdad. En la gestión anterior, no estaba permitida (demasiada) alaraca. Pero Fernández Huidobro no es Daisy Tourné ni, José Mujica, Tabaré Vázquez. Se trata de dos ex guerrilleros tupamaros que, del 85 para acá vinieron teniendo un proceso de creciente equiparación con sus ex archienemigos, los militares. Bajo el paraguas de la imagen del combatiente, ahora son camaradas.

En el medio se le escapa otra verdad a Huidobro: el perdón debe ser más abarcativo que el que se propone para militares y tupamaros. Y también debe incluir al Embajador de los Estados Unidos, el Embajador ruso (ex Unión Soviética), los directores del diario El País, los grandes medios de prensa, las grandes gremiales patronales, y los partidos tradicionales, muchos de cuyos afiliados fueron golpistas. “Bordaberry, por ejemplo, tienen que estar”, explicó el ministro. La referencia roció con nafta el loft de Vamos Uruguay, que se prendió fuego después que el diputado Fernando Amado aceptara esa implicancia mientras todo el resto la negaba. Una implicancia que ni siquiera es producto del análisis político. Es un dato de la historia que, hablando de educación, debería estar marcado a fuego en los textos educativos.

Siguieron las guarangadas. Como la adjetivación de Jesús como un “flaco” al que “lo crucificaron por gil” para referirse a la cultura occidental y cristiana en la que está basada nuestra sociedad, otro argumento para esconder el bulto y evitar el “perdón”. La referencia reavivó el debate en torno a la laicidad y el rol de la Iglesia Católica, a la que, dicho sea de paso, Huidobro no mencionó entre los invitados a la mesa del perdón. Se invitaron solos. Bastó que el obispo de Minas, Jaime Fuentes, integrante de una de las corporaciones más fuertes en el país, el Opus Dei, haya enviado una carta al ministro criticando su alusión a Jesús para que todos recordáramos que ellos también tendrían que estar presentes en el pedido de disculpas, aunque en su caso particular se necesiten varios actos consecutivos: uno para los familiares de detenidos desaparecidos, otro para los homosexuales y otro para los niños abusados. Por lo menos.

El almuerzo terminó con indigestión: Fernández Huidobro recordó su condición de ex preso para remarcar que su opinión, y la del presidente de la República, es que “tener gente de determinada edad para arriba adentro de una cárcel” es “un disparate”. Esta vez, paradójicamente, los que faltaron a la cita fueron los adjetivos: asesinos, ladrones, secuestradores express y torturadores, además de responsables por la ausencia de garantías jurídicas –y de cualquier otro tipo- durante once años. Jesús era gil, pero esta banda de delincuentes no merece más que la calificación de “gente de determinada edad para arriba”. Es difícil imaginar a cabalidad la razón de tales dichos. Porque esto no huele a humanidad. Huele a lesa humanidad. El tema seguirá volviendo, una y otra vez, hasta que Huidobro se deje de guarangadas, la Iglesia Católica asuma sus responsabilidades y el gobierno desenmascare definitivamente a las corporaciones –incluso las propias- que siguen enterrando la verdad. Porque si el perdón es tan difícil, será cuestión de cantar la verdad, toda la verdad. El resto es stand up.

Ricardo Scagliola @radicalfreedom

Asesinato político

Daniel Zamudio fue asesinado por un grupo de neonazis. Le pegaron por su condición de gay. Tanto le pegaron que presenta un cuadro de “muerte cerebral” desde el 3 de marzo. “La familia decidió no desconectarlo. Van a esperar a que el cuerpo, de manera autónoma, deje de funcionar”, informó el portavoz del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (MOVILH), Oscar Rementería. El joven Zamudio fue torturado por seis horas, a pocos metros de una estación policial de Santiago. Le arrancaron parte de una oreja y quebraron una pierna. Con pedazos de vidrio, marcaron cruces esvásticas en su cuerpo. “Sonaron como unos huesos de pollo, y como ya el muchacho estaba muy mal, nos fuimos cada uno por su lado”, dijo uno de los agresores.

Según informa la prensa chilena, la policía detuvo a tres jóvenes, de entre 19 y 26 años. Se trata de establecer, por estas horas, si pertenecen al Frente Orden Nacional (FNO), que en la red lanza proclamas de grueso calibre contra los homosexuales, siempre en clave hitleriana, y en la calle ya se muestra alegremente con sus estandartes y uniformes. “El FON aspira a una transformación real de la actual sociedad chilena, por ello resulta fundamental que actuemos siendo capaces de cambiar la forma en que la comprendemos. Esta necesaria nueva forma de comprender la realidad la hemos reconocido en el nacionalsocialismo, y con la finalidad de contribuir a las personas a dar este primer gran paso es que hemos elaborado el presente espacio informativo. ¡Chilenos a la Acción!”, arengan.

Lo ocurrido con Zamudio conmueve a amplios sectores de la sociedad chilena y buena parte del mundo por su carácter extremo. De repente ha entrado en la esfera pública una nueva generación de seguidores de Walter Rauff, el ex SS que estuvo involucrado con el campo de concentración que funcionó durante la dictadura pinochetista. Pero no es la única firma en la que se viene manifestando la intolerancia en Chile.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha denunciado dos casos de discriminación sexual que han puesto en aprietos al Gobierno conservador de Sebastián Piñera. Uno de ellos tiene que ver con Sandra Pavéz. En el 2007, la Iglesia Católica le notificó que no podía seguir ejerciendo como profesora de religión en el Colegio Cardenal Antonio Samoré de San Bernardo por su condición de lesbiana. ”Yo llevaba trabajando más de 20 años y nunca había tenido problemas hasta que la Iglesia se escandalizó”, le dijo Pavéz al diario La Tercera. Ella presentó un recurso ante la Corte de Apelaciones de San Miguel, que falló en su contra. Luego recurrió al Tribunal Supremo, que también emitió un fallo adverso, a pesar de que todo el colegio, padres, estudiantes y colegas, la estaba apoyando. Sin salida, la ex profesora demandó a Chile ante la CIDH. ¿Te suena?

Lo mismo había hecho la jueza Karen Atala, que esta semana ganó en la Corte Interamericana su juicio contra el Estado chileno. Atala había perdido la custodia de sus hijas por ser lesbiana. “Fui y soy madre por opción. Sin embargo, se me negó el derecho a criar a mis propias hijas por un prejuicio y la existencia de un estereotipo negativo”, dijo, al conocer el dictamen. La jueza manifestó su esperanza de que, en adelante, “se dignifique a todas aquellas madres y padres que han visto restringidos sus derechos por su orientación sexual”. El Gobierno dijo que acatará el fallo e implementará “a la brevedad” las medidas ordenadas por la CIDH, que incluyen “un acto público de reconocimiento de responsabilidad”, cursos de capacitación a funcionarios sobre esta materia y una indemnización de unos 72.000 dólares a la jueza y sus hijas. ¿Te suena?

A Piñera, sin embargo, le cuesta sortear un escollo mayor: el Congreso todavía no ha sancionado la esperada Ley Antidiscriminación. Con Zamudio en agonía, el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, aseguró que la sanción de la ley será prioridad en el país. El MOVILH le pidió a Piñera que la ley en cuestión lleve el nombre del joven linchado como “símbolo de lo que no queremos para Chile”. La ley lleva siete años tramitándose. El problema es anterior a la llegada de Piñera al Palacio de la Moneda pero siempre responde a la misma razón: no ha podido ser aprobada porque legisladores de la derecha la consideran inaceptable. El presidente se encuentra en otro dilema político: atender los reclamos de una sociedad conmocionada o respetar las convicciones de su base de sustentación parlamentaria. ¿Te suena?

Y sí. Si no te suena debe ser porque en tu cabeza “derechos humanos” no rima con nada. O porque estabas en otra y te perdiste la película de la política que corre atrás de la agenda de derechos, siempre postergable, siempre diferible mientras siguen muriendo personas. Porque Daniel Zamudio es sólo uno de tantos que mueren todos los días por un aborto inseguro o por el sólo hecho de ser negro o lesbiana o gay. Por sólo serlo, o por una patota de nazis asesinos, autores de este lamentable episodio por el silencio del Estado y de los propios ciudadanos. ¿Te sigue sin sonar? El diario Últimas Noticias informa hoy que la Policía finalmente va a investigar al sitio web “Extrema Derecha Uruguaya”, una especie de perfecto manual para que la historia de Daniel Zamudio se repita. Pará: no termina ahí la cosa. Acá tenés otro: la Orden Inquisitorial de la Guardia de Acero. ¿Ahora te suena?

Prendé las luces. En Uruguay la homofobia también mata. En tu casa, en tu trabajo, en la escuela, en el Estadio, en el Viejo Barreiro. En la Iglesia, en el boliche, en el partido, en el comité. En cada beso censurado, en cada insulto amenazante o en cada patota de intolerantes que dos por tres asesinan así, a sangre fría, porque sos gay o negro o nerd o travesti o prostituta o cheto o bolche o blanco o colorado o frenteamplista. Si el Estado no actúa, es cómplice. Y a esos cómplices habrá que ir nombrándolos de a uno, para que después nadie te ponga cara de “yo no fui”. Porque mientras sigan existiendo ciudadanos de segunda, todos los Daniel Zamudio serán víctimas de un asesinato político.

Ricardo Scagliola @radicalfreedom

Semen-up

Primer acto del Frente Amplio: 26 de marzo de 1971.

Te gustaba el traqueteo. Habías cambiado la misa por el comité, y hasta seguías con los labios el sermón. Para la procesión llevabas café en el termo, pero si te habías olvidado de las tortas fritas para llenarte la panza no importaba: en cualquier acto siempre había uno vendiendo maní. Te ibas con los pelos de punta. Porque el maní estaba salado, o porque hablaba Seregni o Alba Roballo o Zelmar Michelini o Arismendi o Astori (aquél, no éste). En aquél momento estabas por la nacionalización de la banca, te copaba la idea de una reforma agraria y hasta pensabas en un Frigorífico Nacional. No se hablaba de la legalización del faso ni de matrimonio igualitario ni de despenalizar el aborto. No te metías con esos temas, pero tampoco te quedaba otra. Eran todos medios progre, medios caretas. Para ir a Cuba había que ser bien macho, y ni te cuento para hacer una pasantía en la Unión Soviética. Aquella, no ésta.

A veces salías del closet. Y ahí, sí, se te armaba revuelta en la granja. Porque tu viejo era del partido, porque tu tío había salido hacía poco de la cana o porque tu vieja era lata y no se lo había contado a nadie. Pero sí, te convencieron, y saliste del closet: te afiliaste al 26. Después vino el invierno. Te comiste tremendo garrón, o no: te salvaste porque sí. O porque la hiciste bien. O porque te fuiste al exilio. O porque un amigo te achicó. O porque no era para vos. Después vino el 80 y el 82 y el 84. Sentías ese vientito en la nuca, nostalgia de aquél otro vientito, el del 71. Después vino la democracia, y volviste a la iglesia. Habían pasado catorce años, pero los curas eran casi todos los mismos. A veces te tocaba hacer de monaguillo, y ahí estabas, alcanzando ostias para otros fieles. ¿Renovación? Sí, del pastito para los Reyes Magos.

Te indignaba la impunidad. Y por eso saliste a juntar firmas. O a ratificar firmas, porque te querían cagar. Siempre te querían cagar. Y las juntaste una vez, dos veces, tres veces, hasta que el voto que el alma pronuncia te dejó sin alma. O sin voto, porque de tanto indignarte te cansó la impunidad. Perdiste en el Trivial pero ganaste al Ludo. Y como era demasiado, votaste en contra de las privatizaciones del Cuqui. Hasta Sanguinetti votó en contra. ¡Cómo habrá sido la cosa para que vos y el hombre de los ojos en la nuca votaran juntos! En ese momento, Durmiendo con el enemigo casi gana el Oscar, pero no te importaba demasiado, porque ibas a Cinemateca, no sea cosa de hacerle el juego al imperio. Hacías cola porque estaban pasando un ciclo de cine checo. De vez en cuando mirabas para atrás, no sea cosa que entraran los tanques rusos.

Fuiste al Filtro a ver qué pasaba y te comiste otra que garrón. En realidad, dos garrones. Uno de los milicos y otro de los tupas, que por aquél entonces daban manija porque por ese entonces, ETA y el FA eran más o menos lo mismo. O así te lo contaban por la radio, en la voz de Eleuterio Fernández Huidobro. O en la de Jean George Almendras, que como por ese entonces ya interceptaba la radio policial te lo podías confundir. Sentiste vergüenza con lo de Berríos, y cuando te estabas por volver a indignar volvió Sanguinetti. No terminaste de entender el balottagge (¿o balotaje? ¿o balotage?) y en eso asumió Batlle. Pensaste que era el final, pero no, te tuviste que aguantar la eyaculación precoz. Para ese entonces, ya comprabas en Zara. Andabas medio bolche, medio cheto. Medio progre, medio conserva.

Después vino Tabaret, y sí, bailaste en el Moulin Rouge. Ya no ibas a misa. La iglesia estaba vacía. Todo se decidía en el Vaticano, que no estaba allá, sino más bien acá, en la calle Colonia, aunque tenía sucursal en Buschental. La Belle Époquehabía pasado de largo, pero vos seguías revoleando las caderas. Te jodía un poco que te pasaran la gorra cada vez que mandaban a un milico en cana: cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía. Aplaudiste que pagara (un poco) más el que tiene (bastante) más. O que le dieran una computadora a cada niño de escuelas y liceos públicos. O que bajara la indigencia y la pobreza y el desempleo. Pero cuando estabas por aplaudir de pie porque por primera vez iban a morir bastantes menos mujeres de las que morían desangradas (en clínicas ilegales, o en una cuneta) sin que te pasaran la patética factura de la disciplina partidaria, te encajaron veto por feto.

Comité de Base.

No pasaron dos años y te volvieron a pedir el voto. Son como los Testigos de Jehová: pasan cada tanto, te leen un librito, te dicen que no comas cordero ni festejes los cumpleaños y vuelven en cinco años. La pollera por debajo de las rodillas, obvio. No vaya a ser cosa que el Frente lidere una revolución sexual. O una revolución generacional. O una revolución educativa. O una revolución mental. ¿Tomaste la pastilla? Tenés la que quieras: roja, verde, negra y colorada y blanca casi transparente. Estuvo unos años fuera de circulación, pero ahora volvió la naranja. Te la baja, la acidez. Y ahora, cuando el Frente ya no es el Moulin Rouge de Toulouse-Lautrec ni el Punto Final de Julia Moller te piden que sigas bailando. Que vayas a votar. Como si elegir presidente por voto directo fuera un favor que te hacen.

Te ruegan, te suplican que sigas consumiendo la maravillosa droga que te corrió por las venas desde aquél día que te habías levantando con cara de Robin Hood, aunque al ratito te refugiaras en el convento de Kirklees. Sonaba Dean Reed, pero claro, no te pedían que para sentarte a escucharlo abdicaras de la pretensión punitiva a una banda de asesinos. Ni que rezaras cinco padrenuestros a San Mujica para que, por favor, aunque sea por esta vez, no te inscriban en la Escuela de Los dos demonios. Te gustaba el traqueteo, es cierto, pero sólo el de Black Sabbath en Paranoid. Antes, en una de esas, capaz que hasta con esa música ambientabas el comité. Si te dejaba el partido. Si no te cocinaban en la asamblea. Ahora, ni eso: ellos te ponen la música, ellos te invitan a su fiestita, ellos te leen los salmos. Quedáte quietito. Se viene el masaje prostático.

Ricardo Scagliola @radicalfreedom

Acá mandan los adultos

TE CALLÁS! ACÁ MANDAMOS LOS ADULTOS!

Parece que hay dos culpables según quien mire la cosa: Graciela Bianchi o Pablo Alvarez. Nuestra educación se debate en torno a una directora que le grita a sus alumnos porque la tutean o porque no la tratan con el respeto que merece, que cree que merece o que aspira a merecer. Y en torno a un político que comparte en redes sociales un video que alguien más subió, que tiene un trasfondo de polémica con la directora y otro de jerarquías institucionales. Estos días los problemas refieren a si los muchachos son medio zarpados o si la profe es una botona, pero por lo menos hablamos del tema. La verdad que me motiva más que hablar de la impunidad de los realmente soretes.

La educación es por lejos el tema más importante que tenemos por delante, más que la reforma del estado y más que las eliminatorias. El respeto ya sabemos que es algo que se gana, que no se impone, o que se impone pareciéndose mucho al miedo. Pero con tal de encausar a esta juventud perdida en el consumismo, las drogas y la vagancia, un desborde de autoridad no nos va a sensibilizar. La cuestión es que el consumismo, las drogas y la vagancia están (literalmente o potencialmente) en toda la sociedad y nos jode que los jóvenes nos muestren esa, nuestra cara. No nos gusta. No nos gusta que aprendan de nuestro ejemplo y no de nuestros consejos.

Queremos que los muchachos vayan al liceo, estudien y crezcan, pero tenemos pocas ideas de cómo hacer que ellos entiendan lo importante que es para sus vidas. Pocas ideas de cómo hacer que a los jóvenes les interese quedarse en los liceos. Y muchas ganas de tomar atajos anacrónicos hacia una sociedad disciplinada a fuerza de mando vertical y gritos absurdos. Es hora de poner la libertad por delante y dejar que los jóvenes decidan más, tomen más decisiones y busquen sus caminos con mayor autonomía. Hoy por hoy lo único que elige una persona que pasa por secundaria es que bachillerato va a hacer, son dos decisiones en seis años. Lo que tenemos que hacer es darles opciones, libertad y respeto.

La frase de arriba es más o menos lo que gritó Bianchi a sus alumnos, la frase de abajo es más o menos lo que le gritaba una mujer a un niño que jugaba al futbol infantil.

CORRÉ! O QUERÉS ESTUDIAR TODA LA VIDA!

Pedro Giudice Yañez

Pepe ése

“Cuando un hermano le pega una cachetada al otro hermano en la cara, se necesita un tío mayor”, le dijo en febrero de 2006 el entonces ministro de Industria de Uruguay, Jorge Lepra, al encargado de negocios de la Embajada norteamericana en Montevideo, James Nealon. Lepra había visitado la sede diplomática para transmitir la preocupación del gobierno de Tabaré Vázquez “por cómo se estaba desarrollando el diferendo” con Argentina por la instalación del complejo forestal celulósico de la ex Botnia, hoy UPM. Los cables de Wikileaks revelaban además que un senador del Frente Amplio (mencionado como “fuente protegida” por la embajada) había sondeado la posibilidad de que Uruguay recibiera apoyo militar de Estados Unidos. Consultado por la prensa, en su momento el presidente José Mujica restó trascendencia. Y declaró: “Esto es chusmerío, yo no les doy pelota a los chismes internacionales”.

Pero más vale que el presidente le empiece a dar pelota a los chismes internacionales. Sobre todo cuando vienen de un candidato cantado a la presidencia que dentro de tres años tiene muchas más chances que nadie de convertirse en presidente. Sobre todo cuando el que cuenta el chisme internacional es el mismo que un mes antes de la elección de 2009 declaró a las cámaras de televisión, desde Nueva York, que José Mujica decía, a veces, “estupideces”. O el que, pocos días antes de la consideración de un proyecto anulatorio en el Parlamento uruguayo, dijo desde Moscú que la Ley de Caducidad “nunca debió existir”, dejando a Mujica y a su vicepresidente Astori en off side, esta vez pocas horas después de haberse reunido el binomio presidencial con la bancada de legisladores de su partido para pedirles, casi de rodillas, una reculada en chancletas para evitar la aprobación de una ley anulatoria de la Caducidad.

Sin nombrarlo, esta vez, otra vez, el chisme internacional tiene como destinatario a José Mujica, ese sujeto omitido en toda la presentación realizada por Vázquez en la charla que brindó el martes a una veintena de ex alumnos en el colegio filo-Opus Dei Monte VI. Mujica sabe, Vázquez sabe, todos saben que en la carpeta de éxitos de la actual administración se encuentran los visibles avances en la relación con la Argentina. Desde el levantamiento de los piquetes al dragado del canal Martín García, la gestión Mujica ha hecho bastante más que Vázquez por restablecer el diálogo con el gobierno argentino. Evitó muestras de soberbia. Jugó al achique, desestimó el amague. Lejos de dinamitarlo, buscó ayudar al propio gobierno de Cristina Fernández a encontrarle el cascabel al gato. Se tragó un sapo con el levantamiento del veto a Néstor Kirchner al frente de la Unasur. Pero destrabó los puentes.

Aunque igual de estratégico, lo de Vázquez en el Monte VI fue bastante menos prudente. Frente a un menguado auditorio, confesó que su gobierno solicitó apoyo al ex presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ante la eventualidad de un desenlace armado en el conflicto con Argentina. El ex mandatario recordó su visita a la Casa Blanca en mayo de 2005 “por razones comerciales” pero admitió que pidió al presidente estadounidense una manito en la escalada con Argentina. “Uruguay necesitaba un respaldo, como dice Martín Fierro: ‘todo gaucho necesita un palenque”, sintetizó Vázquez, que aprovechó la jineteada discursiva para relatar, en tono de comic, una reunión con los comandantes en jefe de las tres armas: “Les planteé el escenario y me dijeron: ‘podemos hacer una lucha de guerrilla’. El Comandante de la Fuerza Aérea me dijo: ‘tenemos cinco aviones y combustible para 24 horas; si salen nuestros cinco aviones no vuelve ninguno’”.

“Somos países pequeños y necesitamos de ese relacionamiento internacional en el plano del respeto al derecho internacional y también en el plano de buscar respaldo si el país llega a tener algún conflicto o algún problema”, precisó Vázquez. Yankees come home. La reflexión expresidencial no sólo se saltea décadas -y en algún que otro caso, un siglo- de discurso anti imperialista, sino además una larga tradición de neutralidad en lo que hace a la política exterior uruguaya. Y esconde, en sí misma, el fracaso de la diplomacia y de la política para resolver un conflicto que, aunque previsible, sorprendió por la oportunidad y el modo del desenlace. Entre evocaciones a la fraternidad rioplatense y compromisos con el diálogo como método de relación, en su momento, los presidentes Kirchner y Vázquez quedaron atrapados en sus respectivos esquemas de poder, más fuertes que cualquier otra consideración.

Hace algunas horas, Vázquez intentó aclarar sus dichos. Pero en lugar de transparentar, oscureció al justificar sus acciones en los piqueteros “que dijeron que vendrían a manifestar a Uruguay y (…) ocupar la planta de Botnia” y “los militantes de Greenpeace (que) manifestaron en el río y tiraron al agua a un oficial de Prefectura”. Pero ni siquiera da para reírse. Apenas da para esbozar un Profundo y Prolongado Silencio. PPS. Porque mientras el viejo médico esgrime “la obligación de todo presidente de plantearse todos los escenarios posibles que se le puedan presentar ante un determinado problema”, sus gobernados están en todo su derecho de plantearse todos los escenarios posibles que se le puedan presentar ante un determinado problema que sus gobernantes no sepan resolver.

Si en la doma verbal Vázquez midió o no sus declaraciones, todo eso está por verse. Pero en el Código Vázquez -ese cóctel de lugares comunes, frases hechas, enigmas sin solución, tiros por elevación y cálculos políticos de corto, mediano y largo plazo- no existe la improvisación: seguro que una mayoría nacionalista iría encantada a votarlo en 2014. Total, les hubiésemos dado tremenda paliza a los argentinos. Aún escondidos atrás de un premolar. En la boca del lobo.

Ricardo Scagliola

@radicalfreedom

El lujo en la miseria

El presupuesto que dedica el Estado a políticas públicas de fomento a las expresiones artísticas es ínfimo. La realidad de los trabajadores de la cultura es paupérrima, condiciones laborales que no cumplen el mínimo indispensable si lo comparamos con otras áreas de trabajo. Gastar cuatro veces el presupuesto total anual del sector en una semana de grandes espectáculos internacionales, es inmoral.  Esta es la sensación que tengo frente al Festival Internacional de Artes Escénicas, FIDAE [1].

La cultura en Uruguay es básicamente subvencionada por el trabajo “militante” de los y las  artistas  y trabajadores  de la cultura. Todo lo que vemos en los conciertos de rock en el Velódromo, o   en la “fiesta” del Bicentenario, está fundamentalmente subvencionado por trabajo honorario en todas las áreas de la cultura, cualesquiera sean éstas. ¿Qué quiero decir con esto?

Para estrenar una obra de teatro, trabajan cerca de 3 meses aproximadamente 10 personas, 4 horas diarias. ¿ Y saben cuál es el salario que perciben por esto?  Lo que queda de la venta de entradas,  luego de los pagos a sala y gastos generados por la realización de la obra en sí misma,  dividido entre los trabajadores. Muchísimas noches se van con $ 100 y muchísimas otras, con nada. Este es un denominador común al trabajo del artista, salvando las particularidades de cada arte.

Para que uno vea a una banda de rock tocar un tema de cinco minutos en un escenario, ellos debieron por un lado, solos,  formarse y ensayar diariamente varias horas perfeccionando el desempeño de su instrumento;  y por otro lado,  en grupo,  dedicar horas a arreglos musicales y ensayos (en espacios pagos como son las salas acondicionadas para esto) para poder tocar 5’ en un escenario ese tema que tanto nos conmueve. Todas estas horas de trabajo como músico no se las “paga” nadie, nunca (a excepción de los músicos, actores, actrices, bailarines de instituciones estatales).

Pensemos en  un ejemplo: Cuando la banda, hace un “toque” y cobra $ 150 la entrada y vende 200, también tiene que abonar los impuestos, pagar el porcentaje de sala, pagar los costos del toque (difusión, etc.) y finalmente dividir lo que queda entre unas 10 personas (que es la cifra promedio de integrantes de una banda de rock, incluido manager y sonidista)

¿Saben cuánto cobra un músico medio por un toque? Si logra sacar $1.000 esa noche, fue un éxito!  Mil pesos que debieran prorratearse con los ensayos para que el pago corresponda a todo su trabajo, el cálculo no lo hago porque me deprime demasiado. Los trabajadores de la cultura en Uruguay no tienen ninguna cobertura de seguridad social, recién empieza haber contratos con aportes al BPS en la Intendencia de Montevideo,  este año. El Ministerio de Educación y Cultura no ha implementado ninguno hasta el momento a pesar de que la “Ley del Artista” que establece el carácter laboral de la profesión, fue votada en 2008.

En estos días comienza el FIDAE y me entero de que se presenta Peter Brook[2]  en el Solís ¿alguien sabe cuánto cuesta traer a Peter Brook con su compañía desde Francia para dos funciones? Cuesta mucho, mucho. ¿Y cuánto gasta el festival en su totalidad alguien sabe? Según publicó la diaria el viernes pasado, el presupuesto del festival es de un millón de dólares. Según documentación de la Dirección Nacional de Cultura, el Instituto Nacional de Artes Escénicas  tiene de presupuesto anual 2011 U$S 225.000, la cuarta parte de lo destinado al festival internacional.

Si consideramos que es el área responsable de las políticas públicas para el teatro, esta relación presupuestal es alarmante por lo desproporcionado y absurdo que termina resultando. Nadie duda de la importancia de ver en Montevideo a Peter Brook, o tener un festival internacional de teatro con gente de muchas partes interactuando con los profesionales del sector en unos cuantos días. La cuestión es ¿cuánto vale eso? ¿en qué condiciones materiales estamos en este país, para darnos ese lujo?

Que un espectáculo extranjero tenga todas las condiciones humanas y materiales  cubiertas y que los espectáculos en Uruguay se hagan a “voluntad”, me parece inmoral. Por putear el lujo en la miseria escribí esto.

Soledad González Baica


[1] Festival Internacional de Artes Escénicas, del 7 al 20 de octubre de 2011. Realizado por el Instituto Nacional de Artes Escénicas, Dirección Nacional de Cultura, MEC.

[2] Peter Brook, uno de los principales teóricos y directores teatrales contemporáneos del mundo. En la actualidad dirige en París el Centro Internacional de Investigación Teatral.

La seguridad de una puteada

Apenas llegado al gobierno, Tabaré Vázquez creó el “Servicio de Seguridad presidencial” dirigido por el entonces prosecretario de la Presidencia y hermano del ex mandatario, Jorge Vázquez. Así, los veinte custodios de su confianza que lo acompañaban desde que comenzó su carrera política, recibieron el grado de agentes. No eran policías, hasta que recibieron un curso acelerado por parte de especialistas israelíes. Pero el trabajo del nuevo “Servicio de Seguridad presidencial” no se limitó a los veinte macacos con cara de culo que iban para arriba y para abajo con el ex presidente. No alcanzaba con eso.

Tabaré Vázquez cercó su casa con varios patrulleros, dos camionetas del Ejército, cuatro cámaras, y cinco perros doberman. En la Residencia de Suárez, que el ex mandatario utilizó como oficina, el servicio encargó varias reformas. Se cambiaron dos viejos portones de entrada, se levantó una casilla de vigilancia con vidrios blindados, guardia permanente y un sistema cerrado de veinte cámaras de seguridad. Tampoco fue suficiente. Las nuevas medidas de seguridad se extendieron a la casa de Anchorena. Los cara-de-serios prohibieron la navegabilidad sobre el río San Juan, donde Vázquez invitó al norteamericano George W. Bush a pescar unos pejerreyes y algún que otro bagre.

Las nuevas medidas de seguridad en la era progresista no pudieron evitar que, mientras sus custodios gargajeaban por walkie-talkie, una migaja de asambleístas anti Botnia se le arrimaran a menos de 30 metros para gritarle “cagón” en la inauguración de la terminal portuaria de Ontur, de United Paper Mills (UPM), ex Botnia. Tampoco pudieron impedir, en julio de 2006, el copamiento de su clínica privada, el Centro de Oncología y Radioterapia, o el asalto a la casa de su hijo, dos días después. Eso sí, fueron muy buenos para apartar a cuanto pobre mortal se le acercara al entonces presidente. De hecho, Vázquez salió ileso de unos cuantos intentos periodísticos por acercarle un micrófono o un grabador.

***********************************

Apenas llegado al gobierno, a Mujica se le pasó lo del campechano pobre que se arma un tabaco en la chacra de Paso de la Arena y va a comer a La Casa del Whisky. Ahora anda con otra veintena de caras-de-serios que lo acompañan a todos lados, apartando gente, mirando fijo y, dos por tres, conversando por un –disimulado- micrófono pegado a la curvatura de la oreja. Tampoco le alcanzó al presidente para que un ex preso político no lo puteara en la Rural, a menos de diez metros de distancia, a la salida de su reunión con la Asociación Rural del Uruguay (ARU). “Vos, la Tronca y el Ñato nos entregaron en la cárcel y ahora entregas el pueblo a las multinacionales”, le increpó.

Las palabras hicieron que se activara el dispositivo de seguridad. “¿Ah sí?”, atinó a responder el presidente a su ex compañero del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), Sergio Lamanna, actualmente vinculado a Asamblea Popular.  Los guardias presidenciales aceleraron su paso y arrancaron a Mujica de la puerta de la ARU antes que la cosa pasara a mayores. No vaya a ser cosa que el hombre se zarpara. De última, tiene antecedentes. Hace unos años, en el mismo lugar, se había puteado con Martín Aguirrezabala. Y, un poco más acá en el tiempo, ya como candidato a presidente, le dijo “perro faldero” a su socio blanco, Jorge Larrañaga.

Tanto Vázquez como Mujica necesitan seguridad. El primero, la seguridad del estetoscopio para saber escuchar, aún siendo la Reina del Carnaval. El segundo, la seguridad de que ya no es el chacarero-chacarero; es presidente-presidente. Ambos, seguridad en sus palabras. Pero, lo que es seguro, todos los presidentes necesitan la seguridad de encontrarse, de vez en cuando, con una buena puteada. Justa o injusta, acertada o errónea, sirve para recordarles que están ahí en base a la opinión de la gente que los votó. Que ser presidente no sólo tiene que ver con los buenos modales, los mismos que -dicho sea de paso- olímpicamente se saltean cuando se trata de pedirle a los legisladores, sin anestesia, que no levanten la mano para terminar con la impunidad.

Y sí, de vez en cuando está bien que se lleven la seguridad de alguna que otra buena puteada.

Ricardo Scagliola

@radicalfreedom